POLÍTICA 27.Jun.2017 | 09:31
Ahora sí, se murió el Momo y los cobardes avanzan un casillero

Matías Longoni*

Ahora sí, esta vez no es mentira, se murió Gerónimo el Momo Venegas.

Pueden salir a festejar las hienas de la política: en el juego de la vida, los cobardes avanzan un casillero.

Los cobardes necesitan entrenar, los valientes solo necesitamos la decisión de mover las piezas, sin gimnasio ni zumba. Momo parecía saberlo y por eso les brindó unos días de changuí para que entrenen. El se fue a esperar a que todos estuvieran listos, en Necochea.

Tengo 25 años de hacer periodismo agropecuario sin chuparle las medias a nadie y peleándome con medio mundo. En ese trajín, Venegas fue uno de los pocos tipos que se ganó mis respetos. No son muchos la verdad. La verba de Humberto Volando, la sapienza de Leónida Gasoni, la honestidad de Marcelo Rossi, la valentía de alguno de aquellos de aquella Mesa de Enlace. Pero no hubo mucho más la verdad, salvo la coherencia del Momo.

En este largo trajín a Venegas fue al único que lo vi levantar las banderas de los derechos de los trabajadores rurales mientras toda la clase política, pero toda, absolutamente toda, desertaba de discutir ese y muchos otros derechos.

Fue el Momo quien convenció a Menem de sacar una ley, la que instauró su querida Libreta del Peón Rural. Y fue quien convenció a De la Rúa de promulgarla. Fue él también quien se acercó a Duhalde para poner en marcha el Registro Nacional, su querido Renatre. Y fue el Momo quien le regaló a Kichner, a Néstor y no a Cristina, el acto más peronista de todos los que qu e haya tenido: juntos le entregaron la jubilación al primer trabajador rural en mucho tiempo. Fue Venegas, en definitiva, él solito, quien hizo de una fórmula para registrar a los trabajadores rurales una política de Estado, a pesar de los políticos de turno. Podrá ser mejorable, pero fue el único que la propuso.

Las hienas dirán ahora que lo hizo para sacar provecho propio. Estuvieron entrenando todos estos días. Que la mafia de los medicamentos y otras cosas. Pero hizo, el Momo hizo. Una cosa que no pueden ni sugerir para si mismos la mayoría de los políticos de la Argentina.

Cristina se la perdió, se perdió al Momo, porque ella no sabe hacer otra cosa que pelear o simular que pelea, mejor dicho. Cristina fue quien mandó, en el simulacro berreta de la Resolución 125,  a los camioneros tatuados de Hugo Moyano a reprimir en Ceibas al piquete chacarero del Mellizo De Angeli. Metían miedo esos camioneros, hasta que el Momo intervino. “Hugo, dejate de joder”, le dijo. Y Hugo le hizo caso. El cristinismo, a partir de esa anécdota, empezó a ser lo que ahora y siempre fue: apenas el reduccionismo de una minoría, potente por resentida.

Pero no es esa lo historia, la historia es la del Momo.

Recuerda mi colega Carlos Curci González que fue la Uatre el primero o casi único gremio que acompañó la aventura electoral de Néstor Kirchner allá por 2003. También fue ese gremio el único o casi único gremio que acompañó la aventura electoral de Mauricio Macri, mucho más cerca en el tiempo. Algunos dicen oportunismo, pero miren si hay que tener huevos para dar esos pasos al vacío. O una increíble premonición sobre la necesidad de cambio, un olfato. Al parecer el Momo lo tenía, sabía cuando era tiempo de cambio.

Podía cambiarte todo el Momo menos las 62 Organizaciones. Sus pares, los sindicalistas, se han convertido en los más conservadores y más rancios de esta sociedad, pues nunca apuestas a cambiar nada sino que trabajan para conservarlo todo estanco: la injusticia y su propio sistema de privilegios. Es esa audacia otra de las cosas meritorias que deben admitirse ante el Momo.

Nunca tuve demasiada relación con Venegas, más allá de un inconfesable respeto mutuo. Cada vez que me veía ingresar a una conferencia de prensa, solía detener lo que estaba diciendo para hacer un reconocimiento público al periodista valiente que, como él, había decidido enfrentar al poder prepotente de turno. Yo me moría de vergüenza, pero entendía que poníamos las espaldas uno contra el otro, como un muy mal remedo de la resistencia.

A la distancia, siempre lejos, yo le respeté la coherencia de haber sabido llevar sus luchas hasta el final. Por ejemplo, cuando recurrió a la Corte Suprema porque ese Estado que no era Estado sino una minoría que se había apropiado de el Estado decidía “estatizar” de muy mal modo el Renatre, para convertirlo en Renatea o en una caja para la política berreta. Que eso fue y no otra cosa. No sé si el nuevo Renatre podrá remediar toda la demora, y registrar a todos los trabajadores que aún permanecen en negro y semiexplotados. Pero si creo que es este el único intento más o menos genuino que he visto hasta el momento.

Las hienas deben estar relamiéndose. El Momo finalmente falleció y yo que no puedo evitar sentir algo de tristeza y muchísimo respeto. Tienen dos “gorilas” para degollar y devorar.

De eso se trata señores. De que se indigesten con cojonudos

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*Periodista Agropecuario. Este artículo se publicó primero en el portal "Bichos de Campo"

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